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lunes, 1 de abril de 2019

El legado de Gabinete Caligari

Se cumplen 20 años de la última vez que Gabinete Caligari actuó sobre un escenario. Jaime Urrutia, Edi Clavo y Ferni Presas vivieron su concierto de despedida como grupo. Cuentan las crónicas que la última canción que interpretaron fue la premonitoria Nadie me va a añorar: premonitoria por el tono de adiós, por la ruptura de amistades dentro de la banda y por las posteriores acusaciones de deslealtad.

La suya es la historia de un conjunto que pasó de la cima alcanzada con su virtuoso disco Camino Soria (1987) a un lento ocaso que desembocó, el 13 de octubre de 1999, en una postrera charla para consumar la desmembración. Fueron ocho trabajos de estudio y 18 años de periplo, desde su debut en 1981, en el que vieron cambiar la sociedad (del génesis de La Movida a una cultura más encorsetada), la industria musical (con el paso del vinilo al CD y el posterior auge de internet) y la propia manera de hacer música (desde estilos genuinos, como el rock o el punk, a la entronización de la música comercial, los triunfitos y los ritmos ligeros).

Para muchos, el momento en que todo comenzó a torcerse llegó, precisamente, en su etapa de mayor reconocimiento popular. La canción La culpa fue del cha-cha-cha, asociada indisolublemente a la imagen de Gabinete, degeneró en una suerte de melodía machacona que acabó siendo versionada por Manolo Escobar y que, en plena borrachera de éxito, se pervirtió como sketch de los cómicos del momento, Martes y Trece, en plena gala de Nochevieja del 90. 

Hasta aquí alcanza el conocimiento mayoritario de un grupo que, si bien tuvo sus devaneos comerciales (prestaron su música a anuncios de cerveza e, incluso, alteraron alguna letra al servicio de Renfe), puede considerarse, sin duda, como uno de los mejores del rock ibérico y auténtico renovador de la música española. Comenzaron con un sonido oscuro (con temas como Obediencia, Olor a carne quemada, Golpes, Cómo perdimos Berlín, Grado 33...) hasta evolucionar a un estilo propio (bautizado como rock torero), dejando para la Historia himnos como Cuatro rosas, Al calor del amor en un bar, Más dura será la caída o Sólo se vive una vez.

Apostaron por el lirismo en composiciones basadas en poemas de Eduardo Haro Ibars (Pecados más dulces que un zapato de raso o Perdidas blancas), homenajearon a grandes letristas como Joan Manuel Serrat e hicieron guiños a poetas inmortales como Antonio Machado, Gustavo Adolfo Bécquer o Federico García Lorca. De hecho, su propio nombre es un claro tributo al cine expresionista alemán, con la cinta de 1920 El Gabinete del Doctor Caligari.



Fueron símbolo de un tiempo que se fue. Como el del extinto servicio militar obligatorio (la odiada mili), su punto de inflexión estilístico (Jaime y Edi fueron llamados a filas, mientras Ferni, exento, se dedicó a labores comerciales). Llegaron a autoproducirse su debut musical (con el sello Tres Cipreses) y se dieron a conocer en programas de radio de culto, como bien narra Jesús Rodríguez Lenin en la obra más completa sobre el trío. La muerte de varias figuras importantes para la banda (Ulises Montero, Eduardo Benavente o los hermanos Eduardo y Eugenio Haro Ibars) marcaron su propio recorrido profesional y vital.

Los cambios de gustos musicales, la caída en ventas, el desgaste de la convivencia, los bandazos discográficos... Los motivos que alejaron a estos tres viejos camaradas se acumularon hasta tocar fondo en GET, la discográfica sui géneris montada por Telecinco para explotar las canciones de sus programas (un edificio prefabricado en mitad de la nada presidido por la imagen de Galindo, el fetiche de Javier Sardà en Crónicas marcianas). Su último álbum, Subid la música (1998), fue un LP correcto, pero la cera ya no ardía más: sólo encontraron cabida en galas de pueblos perdidos con extraños compañeros de viaje (llegaron a compartir escenario con Fernando Esteso), lo que les hizo sentirse "rebajados a la orquesta más barata del mundo".

Hoy, los seguidores de Gabinete pueden rememorar a la banda en la figura de Urrutia, quien continúa de una forma muy digna su carrera sobre los escenarios. Cierto que ya son nueve años sin que un trabajo de estudio vea la luz (autoexigencia obliga), pero prosigue su gira incesante con Los Corsarios, donde no faltan personajes que contribuyeron al desarrollo de Gabinete, como Francis García o el incombustible Esteban Hirschfeld.

Veinte años después de aquel adiós, sus fans anhelan un reencuentro como el protagonizado por grupos como Héroes del Silencio o Mecano. Reunión con la que se especuló durante la conmemoración de los 30 años de Camino Soria, la cual trajo una reedición del álbum y un libro de Edi Clavo. Las inexistentes relaciones personales entre Edi y Ferni, por un lado, y Jaime, por otro, hacen de ese objetivo una quimera, alejándolo cada año un poco más. Pero el paso del tiempo también consolida una certeza: el espléndido legado de este grupo, en forma de excepcionales canciones.

martes, 1 de noviembre de 2016

Veinte años de silencio

Hace apenas un mes se cumplieron 20 años del anuncio de la separación de Héroes del Silencio. Ninguna de las secciones de Cultura de los grandes medios ha dedicado una triste mención sobre la efeméride de un grupo que vendió más de tres millones de discos en 40 países y ofreció unos 1.000 conciertos por Europa, Latinoamérica y EEUU. Una desconsideración también hacia unos fans que, en una labor digna de estudio, han puesto en circulación más de 300 álbumes piratas de la banda (algunos con una calidad propia de sellos profesionales).

A través de un potente directo, unas letras crípticas y una imagen desafiante, Héroes del Silencio se convirtió en fenómeno social desde que naciera en los ochenta. En 1984, el edificio de Radio Zaragoza albergó el origen de la denominación que les daría fortuna: camino al programa del experto musical Julián Torres, Cachi, los componentes (por entonces, del grupo definitivo, sólo Juan Valdivia y Enrique Bunbury, a los que se sumarían meses después Joaquín Cardiel y Pedro Andreu) decidieron el nombre que les mitificaría, robando el título a su primera canción, que pasó a llamarse Héroe de Leyenda. 

Desde entonces, cuatro discos de estudio, giras interminables, pasión desbordada de sus seguidores, desencuentros con la prensa, excesos y fricciones internas que descarrilaron un 3 de octubre de 1996: el cuarteto (quinteto desde que la guitarra de Alan Boguslavsky se añadiera en la gira de El Espíritu del Vino) anuncia un paréntesis tras su último concierto en Los Angeles del 6 de octubre, donde Bunbury sufrió el lanzamiento de objetos por parte del público debido a unas supuestas declaraciones acerca de la beldad de las mujeres mexicanas.

Los problemas en la mano izquierda de Valdivia, la voluntad de caminar en solitario de Bunbury... Todo sumó en ese frenazo en seco "para no devorarnos a nosotros mismos", como declararían después. "Aparte de las pulsiones o inquietudes artísticas de cada uno, que tiraban hacia lados diferentes, la relación personal estaba muy tocada", según contaba el vocalista en la edición que El País hizo en 2007 de su discografía. Una historia largamente narrada por expertos como Matías Uribe, Pep Blay o Michel Royo.

El fin de Héroes llevó al póquer de artistas en direcciones opuestas: Bunbury, quien alcanzó mayor reconocimiento, lleva editados ocho discos de estudio y varios directos; Juan Valdivia lanzó Trigonometralla en 2001; Joaquín Cardiel colaboró con Bunbury en su primer álbum y presentó en 2014 Palabras; mientras que Pedro Andreu disfrutó de sus propias bandas: Puravida, DAB y, en la actualidad, La Red.


Tras la despedida, la discográfica EMI siguió parasitando el legado del grupo. Así, desde su desaparición en 1996, no han pasado más de tres años sin que aparezca algún recopilatorio o rareza, sumando más de una veintena (el último, el año pasado, fue la reedición conmemorativa del 25º aniversario de Senderos de traición, el LP que les catapultó definitivamente). 

En 2007, a través de un comunicado bomba, los cuatro héroes (a los que se sumó Gonzalo Valdivia, hermano de Juan, como segunda guitarra) anunciaron una gira de 10 conciertos por América Latina, Estados Unidos y España. Buena muestra de la pasión latente por la banda fue el colapso que sufrieron los cajeros y la web de Ibercaja, puntos virtuales de venta de entradas, así como la avalancha de personas (sacos de dormir incluidos) en los aledaños de las tiendas Tipo y El Corte Inglés en busca de billetes para un tour que no defraudó a nadie.

Esa gira para "cerrar heridas", según los músicos, se concibió como única, sin posibilidad de que cristalizara en un regreso. Pero los rumores sobre el posible retorno no se evaporaron tras el último concierto y, con el lanzamiento de Live at Germany (2011), todos los miembros (excepto Bunbury) dejaron la puerta abierta. Las elucubraciones crecieron tanto que, en julio de 2013, un comunicado firmado por "el grupo" aparcó la posible reunificación. Aunque la reedición de Senderos de traición en octubre de 2015 volvió a abrir el debate.

Pese al silencio, Las Líneas del Kaos sigue en activo como club de fans oficial; Warner (que adquirió el sello EMI) aún mantiene una web autorizada; proyectos como Tierras del Silencio continúan proporcionando material inédito; y más de una veintena de grupos (sólo contando los de España) les tributa prácticamente cada fin de semana. Además, el Día H, creado tras la gira de 2007 por los seguidores como homenaje mundial a la banda, sigue sumando apoyos: el pasado 22 de octubre celebró la novena edición con la participación récord de 11 países de Europa y Latinoamérica en numerosos eventos. Incluso el propio Juan Valdivia, poco dado a los actos públicos, envió un mensaje de agradecimiento. 

A comienzos de este año, tuve la ocasión de entrevistar a Pedro Andreu, quien aseguró sobre un futuro regreso que "el grupo mantiene conversaciones". La continuidad de uso del término grupo, además de otras afirmaciones a favor del retorno ("considero que no debe quedarse ahí", "procuro poner mi granito de arena para que no se pierda", "lo dejo en un 'ojalá' y ya se verá"), denotan las ganas del batería, que incluso se ha subido al escenario en varias ocasiones con músicos que tributan a la banda aragonesa. Su esperanza, compartida por generaciones de heroinómanos, se mantiene tan viva que, en cualquier momento, podría romper el estruendoso silencio que envuelve a los Héroes.